La Fundación Bendecidos para Bendecir el 15 de septiembre de 2012, en la Comunidad Altos de Cuba en Vega Baja, Puerto Rico, celebró la actividad de entrega a deambulantes y adictos de ropas, zapatos imitaciones Crocs y almuerzos.
Agradecemos el donativo de:
zapatos y dinero para almuerzos
equipo del carro de hotdog ~ Max Torres Mari y su esposa Rosita Rivera
ropas ~ Ángel Cortés y su esposa Aracelis Mercado
Ángeles de la Fundación. A ustedes, ¡GRACIAS!
Max Torres Mari y su esposa Rosita Rivera. Irma Muniz y su esposo Tomás Rodríguez. Paola Gonzalez, Elizabeth Rios. Sign Factory Workshop: Margarita, su esposo y sus empleados. Myrna Pabon Siaca, Isabel Fernandez, Cristina Hunter, Francis Rosa Hunter, Daniel Rosa Hunter. Mara L. Meinhofer, Grace H. Meinhofer y el Ing. Luis E. González.Compañía Lord and Loly Graphic Design: su propietaria Nodelis Figueroa, su esposo Freddie Abdul, Norma Andino, Maribet Colon, Yasca Crespo. Carlos E. Ortiz y su esposa Eunice M. Rivera.Estudiantes del Seminario “Administración de Propiedades”: Alfredo León Santos, Alfredo Uriarte, Ana S. López, Anthony Negrón Adames, Awilda Ayala Arroyo, Caridad Correa, Carlos E. Torres Verges, Carlos Gómez Santana, Edgardo Correa, Edgardo Luis Cuevas Natal, Elsa O. Rodríguez, Evelyn Ríos Camacho, Gentzabel Torres, Héctor L. Espada, Hiram Gómez, Ivonne Ramírez, Juan F. Ortega, Kennia Torres Ros, María H. Ríos Hernández, Maria Alvarez, Maylin Ramos Batista, Melvin Martínez, Norma I. Colón, Oxor A. Vázquez Rosado, René Pérez, Rochellie Font, Rubén Galarza, Suheil Cintrón, Virginia Santos.Angel Cortés y su esposa Aracelis Mercado, Yahaira Rivera, Edgardo J. Diaz. Esposos Elba Adorno y Antonio Vélez; Sandra Claudio; Ana Morejón; Mr. Dallas Petersen; Angélica Meinhofer. Madelin Rivera Figueroa, Virginia Venuti.
[singlepic id=688 w=120 h=140 mode=watermark float=left]Hoy entregamos mahones, imitaciones de crocs y artículos de aseo personal al Hogar del Buen Pastor del Viejo San Juan, Iniciativa Comunitaria Damas, y Hogar Modesto Gotay de Trujillo Alto.
Fotos en Hogar Buen Pastor del Viejo San Juan. 1 de octubre de 2012.
Les invito a la actividad ‘LA PALABRA EN PLAZA’ donde presentaré mi libro: El Paraíso de la Memoria, el jueves, 20 de septiembre a las 6:00 PM en Plaza Las Américas. Espero verlos por allá.
Abrazos,
Raquel Otheguy
LA PALABRA EN PLAZA
“Se trata de un espacio cultural en el que el público podrá dialogar con escritores, escuchar lecturas de cuentos y poesías, conseguir libros de autores puertorriqueños e internacionales y disfrutar de talleres creativos.”
“En este espacio, ubicado en el tercer nivel del centro comercial, en el mismo local de La Placita en Plaza, frente a la entrada de JC Penney, la lectura y el libro tendrán la compañía de café y jugo del país, bizcochos y pastelillos, entre otros ofrecimientos.”
Éxito total fue el Seminario de Administración de Propiedades que ofreciera el Instituto de Bienes Raíces Sylvia Realty en unión de la Fundación Bendecidos para Bendecir como agradecimiento a todos los corredores y vendedores que emitieron su voto solidario por la Fundación en RedSolidaridad.org.
LA FUNDACIÓN BENDECIDOS PARA BENDECIR SUBE A SEGUNDA POSICIÓN CON 447 VOTOS, gracias a tu voto solidario.
Pero ESTO NO HA TERMINADO TODAVÍA. Las votaciones continuan y con tu voto llegaremos a la primera posición. ¡Riega la voz! Tus familiares, amigos, vecinos y colegas también deben dar un voto solidario por la Fundación Bendecidos para Bendecir.
Estoy andando, distraído, por un centro comercial, acompañado de una amiga violinista. Úrsula, nacida en Hungría, es en la actualidad una figura destacada en dos filarmónicas internacionales. De repente, me agarra del brazo:
-¡Escucha!
Escucho. Oigo voces de adultos, gritos de niño, ruidos de televisores encendidos en tiendas de electrodomésticos, zapatos que, saltando, golpean el suelo de ladrillos, y aquella famosa música, omnipresente en todos los centros comerciales del mundo.
-¿Acaso no es maravilloso?
Respondo que no he oído nada maravilloso o fuera de lo normal.
-¡El piano! –dice, mirándome con decepción-. ¡Ese pianista es maravilloso!
-Será una grabación.
-No seas bobo.
Al escuchar con más atención, resulta evidente que la música es en vivo. Están tocando en este momento una sonata de Chopin, y ahora que consigo concentrarme, las notas parecen ahogar todo el barullo que nos rodea. Caminamos por los pasillos llenos de gente, de tiendas, de ofertas, de cosas que, según los anuncios, todo el mundo tiene, excepto usted o yo. Llegamos a la zona de restaurantes: gente comiendo, hablando, discutiendo, leyendo el periódico, y una de esas atracciones que todo centro comercial procura ofrecer a sus clientes.
En este caso, un piano y un pianista.
Toca otras dos sonatas de Chopin, y después Schubert, Mozart. Debe de tener unos treinta años; una placa colocada al lado del pequeño palco explica que se trata de un famoso músico de Georgia, una de las antiguas repúblicas soviéticas. Debe de haber buscado trabajo, y, después de no encontrar más que puertas cerradas, se desesperó, se resignó, y ahora está aquí.
Pero no estoy seguro de que esté aquí: sus ojos se dirigen hacia el mundo mágico donde esas músicas fueron compuestas, sus manos comparten con todos el amor, el alma, el entusiasmo, lo mejor de sí mismo, sus años de estudio, de concentración, de disciplina.
Sólo parece no haber entendido una cosa: nadie, absolutamente nadie ha venido aquí para escucharlo, sino para comprar, comer, distraerse, ver escaparates, encontrarse con amigos. Una pareja se detiene a nuestro lado, hablando en voz alta, y luego sigue adelante. El pianista no lo ha visto, sigue conversando con los ángeles de Mozart. Tampoco ha visto que hay una audiencia de dos personas, una de las cuales, virtuosa del violín, lo escucha con lágrimas en los ojos.
Recuerdo una capilla donde una vez entré por casualidad y vi a una joven tocando para Dios. Pero era una capilla, y aquello tenía sentido. En este caso, nadie lo oye, tal vez ni siquiera el mismo Dios.
Mentira. Dios lo oye. Dios está en el alma y en las manos de este hombre, porque está dando lo mejor de sí mismo, sin importarle ningún reconocimiento ni el dinero que reciba. Toca como si estuviese en La Scala de Milán, o en la ópera de París. Toca porque ése es su destino, su alegría, su razón de vivir.
Me embarga una sensación de profunda reverencia, de profundo respeto por un hombre que en este momento me está recordando una lección importantísima: cada uno tiene una leyenda personal por cumplir, y punto final. No importa si los demás te apoyan, te critican, no te hacen caso o te toleran; tú haces aquello porque es tu destino en este mundo, es la fuente de toda alegría.
El pianista termina otra pieza de Mozart, y por primera vez se da cuenta de nuestra presencia. Nos saluda con un educado y discreto movimiento de cabeza, y nosotros hacemos lo propio. Pero enseguida vuelve a su paraíso, y es mejor dejarlo allí, sin que nada en este mundo pueda estorbarlo, ni siquiera nuestros tímidos aplausos. Nos sirve de ejemplo a todos nosotros. Cuando pensemos que nadie presta atención a lo que estamos haciendo, recordemos a este pianista: él estaba conversando con Dios a través de su trabajo, y el resto no tenía la menor importancia.